De Granada a Japón: mi viaje entre preparativos, primeras impresiones y descubrimientos inolvidables

septiembre 28, 2025

Cada gran aventura empieza mucho antes de subir al avión. En mi caso, el viaje a Japón comenzó con un septiembre lleno de cambios, desde los preparativos personales hasta la emoción de empaquetar maletas y dejar lista cada mínima cosa. Lo que empezó como un traslado apresurado a Granada terminó convirtiéndose en el inicio de uno de los viajes más transformadores de mi vida.

En este artículo te comparto, en primera persona, mis vivencias entre los últimos preparativos en España, la llegada a Osaka y mis primeras experiencias en Japón, incluyendo paseos por Dōtonbori, visitas culturales como el castillo de Himeji, y una noche mágica en la isla de Miyajima.

Preparativos antes de volar

Septiembre marcaba para mí un punto de inflexión. Decidí cambiar de look y despedirme del rubio para dar la bienvenida a un tono más natural antes de inmortalizar mi aventura en Japón. Entre peluquería y visitas al oftalmólogo, también llegó el inevitable momento de preparar maletas.

Me enfrenté al desafío de reducir mi equipaje a lo esencial: ropa versátil, camisas oversize para capas ligeras, camisetas básicas, un pañuelo indispensable para el entretiempo y un neceser cuidadosamente armado con mini tallas. Opté por llevar todo lo más compacto posible para aprovechar el espacio y evitar el peso excesivo. Una balanza portátil me dio la tranquilidad de saber que no superaba los 15 kilos, más que suficiente considerando las compras que haría en Japón.

Tip de viajero: invertir en bolsas de compresión y mini envases de productos de higiene marca la diferencia cuando se trata de organizar un equipaje ligero para un viaje largo.

Rumbo a Madrid: la antesala del gran salto

El trayecto desde Motril hasta Madrid fue el primer paso del viaje. Después de más de cinco horas de camino, llegué al hotel Eurostars Central. La habitación era sencilla pero amplia, perfecta para descansar antes del vuelo largo a Japón.

Aproveché la tarde para pasear por Madrid, reencontrarme con amigos y cenar ramen en un restaurante japonés, como si fuese una preparación simbólica antes de poner un pie en Asia. También visité una tienda de bellas artes y, aunque no podía cargar con mucho, me llevé algunos tonos de acuarela que más tarde se convertirían en recuerdos pintados de este viaje.

El largo vuelo hacia Osaka

Con las maletas listas y el equipaje facturado, embarqué rumbo a Japón. Un detalle curioso: mi asiento no tenía ventanilla, algo insólito en un vuelo tan largo. Afortunadamente, los auriculares con cancelación de ruido que había adquirido hicieron el trayecto mucho más llevadero, aislándome del ruido constante de los motores.

Tras una escala en Abu Dabi, la emoción crecía. El proceso de inmigración en Japón resultó rápido y eficiente gracias a los códigos QR previos: huella, foto y ¡bienvenido a Japón!

Primeras impresiones de Osaka

Nuestra llegada fue directa a Dōtonbori, el corazón vibrante de Osaka. El hotel, con vista a la famosa noria, se convirtió en la base para explorar una ciudad que parecía sacada de un anime.

Gastronomía inicial: Takoyaki y ramen

No tardé en probar mis primeros takoyakis, esas deliciosas bolitas de pulpo con salsa y katsuobushi. La experiencia fue tan auténtica como había imaginado. Más tarde, un ramen con toque picante cerró la noche, recordándome que en Japón comer es también una forma de acercarse a su cultura.

Compras curiosas

Las tiendas Daiso, BookOff y Don Quijote son un paraíso para cualquier viajero curioso. Desde toallitas con personajes de Pokémon hasta dulces japoneses que despertaron recuerdos de infancia, cada rincón escondía sorpresas. Incluso probé la “Coca-Cola sana”, una versión que promete reducir la absorción de grasas durante las comidas, aunque al final supo a la clásica de siempre.

Himeji: historia viva en piedra y jardines

El viaje en Shinkansen hasta Himeji fue rápido y cómodo. Allí me encontré con el castillo mejor conservado de Japón, un emblema del período samurái. Subir sus empinadas escaleras y recorrer sus seis plantas fue como retroceder en el tiempo.

Lo que más me impresionó fueron los jardines Kokoen, construidos en estilo Edo. Con sus estanques llenos de carpas, cascadas y senderos de bambú, transmiten una serenidad difícil de describir. Cada estación del año los transforma, haciendo que valga la pena visitarlos más de una vez.

Consejo útil: en casi todas las estaciones de tren en Japón encontrarás taquillas donde dejar tu maleta por unas horas. Por unos 700 yenes (4,50 €) puedes moverte libremente sin cargar con peso extra.

Miyajima: entre ciervos, torii flotante y tradición

Desde Hiroshima, un ferry nos llevó hasta la isla de Miyajima, hogar del famoso torii flotante de Itsukushima. Llegamos al atardecer y la experiencia fue mágica: el ferry casi vacío, la luna llena en el horizonte y el imponente torii emergiendo del agua.

Al pasear por la isla, me encontré con ciervos que conviven libremente con los visitantes, una de esas escenas que parecen sacadas de un sueño.

La cena fue otro punto culminante: ostras, sashimi, pulpo frito y sake servido en vasitos decorados con el torii. La hospitalidad japonesa se hizo evidente, especialmente en el Niwa Café Miyajima, un restaurante recomendado por nuestro ryokan.

Dormir en un ryokan tradicional, sobre tatamis y futones, completó la experiencia. Y aunque no pude grabar dentro del onsen del hotel (baños termales japoneses donde la entrada es desnuda), la vivencia fue tan relajante como única.

Consejos prácticos para viajar a Japón

  • Seguro de viaje: imprescindible para un país tan lejano. La tranquilidad de estar cubierto en caso de accidente o enfermedad no tiene precio.
  • Auriculares con cancelación de ruido: un salvavidas en vuelos largos.
  • Equipaje ligero: deja espacio libre en la maleta; las compras en Japón son inevitables.
  • Taquillas en estaciones: una solución práctica para no cargar con maletas durante las excursiones.
  • Ryokan y onsen: alojarse al menos una noche en un alojamiento tradicional permite vivir la esencia del Japón más auténtico.

Este viaje, que comenzó con cambios personales y nervios en Granada, terminó convirtiéndose en una de las experiencias más enriquecedoras que he vivido. Desde la vibrante energía de Osaka hasta la serenidad de los jardines de Himeji, pasando por la espiritualidad de Miyajima, Japón me demostró una vez más que es un destino capaz de sorprender en cada rincón.

Viajar aquí es abrirse a lo inesperado: probar sabores nuevos, descubrir costumbres diferentes y dejarse llevar por la mezcla de tradición y modernidad. Y aunque el viaje apenas comenzaba, ya sabía que cada día en Japón me regalaría recuerdos imborrables.

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